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¡Hay que ensuciarse!

Fotografía En la vida hay que ensuciarse

¡Hola Súcumos!

Antes que nada quería decirles que el post pasado fui directo al grano y ni siquiera me di el tiempo de desearles un gran 2018. Espero de todo corazón que este año sonrían más y rían hasta el dolor de abdomen. Que conozcan a mucha gente alegre y hagan ese viaje que tanto quieren. En verdad, todos nos merecemos ser bien felices este año así que sólo hay que decidirlo y procurarlo día con día.

Bueno, pues dicho esto les quería contar que el otro día fui a visitar a uno de mis amigos para ponernos al día y en la plática surgió el tema de cómo el miedo lo ha mantenido al margen de su propia vida. Específicamente platicábamos sobre el miedo que sentía de abrirse sentimentalmente para conocer y permitirse ser conocido por otra persona. En ese momento recordé que mi terapeuta muchas veces me hizo la analogía de que yo era una persona que, por lo general, mete la punta de los pies a la alberca pero difícilmente salta y chapotea en ella. Me mantengo en la orilla mientras veo desde fuera todo lo que pasa ahí dentro.

¿Que por qué lo hacemos? La verdad es que sí te hace sentir tranquilo manteniendote a salvo y lejos de cualquier riesgo pero ¡ES ABURRIDISIMOOOOOOOO! Creanme, por favor, no lo hagan.

Poco a poco he aprendido que en la vida, para bien o para mal
¡HAY QUE ENSUCIARSE!

¡SÍ! Hay que asegurarnos de llegar a nuestros últimos días en este mundo con los pantalones rasgados, los tenis llenos de lodo, la playera desfajada y el cabello despeinado.
Que todo eso signifique que siempre lo intentamos más de una vez. Que tomamos todas las oportunidades que se nos pusieron enfrente sin importar que dudábamos de nosotros mismos. Que dijimos ‘sí’ aún cuando la razón nos decía que no. O que dijimos ‘no’ aún cuando todo mundo espere de nosotros un ‘sí’.

Que signifique que siempre dimos todo de nosotros: en la escuela, en el trabajo, con nuestra familia y con los amigos. Que echamos a andar ese proyecto que siempre nos apasionó pero nos asustaba. Que viajamos tantos kilómetros como pudimos y que vimos todos los atardeceres, amaneceres y lunas llenas que la vida nos permitió.

Que ensuciarse signifique que robamos muchos besos. Que nos enamoramos profundamente y siempre nos entregamos por completo sin importar que nos podían romper el corazón en pedacitos.

Que signifique que lloramos por días y que reímos hasta las lagrimas. Que nos enojamos. Que bailamos, que corrimos, que nos quedamos sin aire, que nadamos en ríos y en el mar, que subimos árboles y acampamos en el bosque. Que signifique que nos perdimos y nos volvimos a encontrar. Que cambiamos de rumbo cuantas veces fue necesario para sentirnos completo.

No te vayas debiéndote vida sólo por estar a salvo. Asegúrate de no irte mantiendote al margen de tu propia vida. Mejor vete sucio porque como bien dicen, ‘la vida nos la dieron para regresarla vivida, no intacta’.

¿Y que si yo he aprendido a ensuciarme? ¡Claro que sí! Y quiero seguir ensuciándome junto a todos ustedes.

Ahora Súcumos, déjenme aquí en los comentarios la última vez que no les importó ensuciarse y valió completamente la pena. Por ejemplo, la foto en este post fue del primer día en mi vida en que compré un boleto de camión para ir a ensuciarme lejos y, gracias a eso, conocí a una de las personas que ahora más quiero en la vida.

Ahora los leo a ustedes…

Pablo Sucumo.